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VISITAS ASTRONÓMICAS A L'OLLERIA
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Desde hace unos cuatro años
se están realizando una serie de visitas al Observatorio
Astronómico de L'Olleria
que dirige el muy querido y conocido compañero del Instituto, Ximo
Camarena.
Varias han sido las generaciones de alumnos, que entusiasmados por las
maravillas del cielo y la ilusión de profesores como Pepe Navarro,
Agustí Sauco, Vicent Bellver, Isidro Montell, el que suscribe y
recientemente Francesc Badía, se han acercado al observatorio.
El amigo Ximo, siempre nos tiene preparada una batería de telescopios
reflectores, de tipo domsoniano, en el patio de su casa de campo y un
telescopio reflector de 305 mm de diámetro instalado en una cúpula de
3,3 m de ancha en la terraza de sus aposentos.
La llegada, siempre al anochecer, nos sumerge en el cielo estrellado que
quizás otros días no somos capaces de contemplar.
Ximo y su mujer ( experta conocedora del cielo ) nos van
desgranando poco a poco los nombres de las constelaciones visibles, el
nombre de las estrellas más importantes, la situación de los planetas
que en esos momentos surcan los cielos de l'Olleria, los misterios de
los cúmulos y doble cúmulos de estrellas, etc. |
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Los nombres poco familiares de constelación de Casiopea, doble cúmulo
de Perseo, las Pléyades, Júpiter y sus satélites Io, Calixto, Europa
y Ganímedes, cúmulo estelar M13, constelación de Orión, galaxia de
Andrómeda, etc, se entremezclan con comentarios del tipo: ¡ que frío
hace ! , déjame los guantes, tengo los pies helados, hazte a un lado
que no veo……..
Poco a poco los alumnos van tomando confianza y empiezan algunos a
manipular el planisferio celeste
para localizar las constelaciones más importantes, otros optan por
apuntar los telescopios a cualquier zona del cielo que les llame la
atención. Entre unas cosas y otras (las otras no se cuentan por
discreción ) aparece la Luna por el horizonte y llega el momento de
contemplar en todo su esplendor sus cráteres, sus cordilleras montañosas
y sus grandes mares por los que nunca a fluido ni una gota de agua. El
espectáculo es impresionante, parece como si de un momento a otro fuésemos
a saltar a la superficie de un inmenso cráter, acribillado a su vez por
otros impactos más pequeños y que las sombras que proyectan las montañas
fuesen a cubrirnos por todas partes.
Mientras tanto, grupos de 3 ó 4 alumnos van subiendo a la cúpula donde
se encuentra el gran telescopio de 305 mm, dotado de una cámara de vídeo
para astronomía, una cámara CCD para la obtención de fotografías y
un ordenador que recibe las imágenes de cada uno de los dispositivos.
Cada alumno manipula el telescopio con el mando correspondiente hasta
enfocar el objeto astronómico que quiere fotografiar. A continuación
hace la fotografía, y gracias a la cámara CCD puede visualizar el
resultado obtenido, de tal forma que si no queda satisfecho puede volver
a repetir la fotografía hasta que esta sea de una calidad importante.
Por último, la serie fotográfica es grabada en un disquete para poder
ser disfrutada cómodamente en casa.
Las sesiones suelen acabar a una hora prudente y cuando toda la
gente ya no se nota las piernas. Las sombras van desapareciendo,
debido a la adaptación de nuestros ojos, el cielo inicial desconocido
empieza a sernos familiar, allí queda Júpiter con sus danzantes satélites,
Saturno con su colección de anillos y sus lunas pastoras, Marte
con su color rojizo como verdadero Dios de la guerra, el gigante Orión
con su espada y su fiel perro Sirio, la galaxia de Andrómeda con sus
200 000 millones de estrellas, el Toro con su ojo rojo Aldebarán, las
Pléyades azuladas con su tenue manto blanquecino, Géminis con sus
gemelos Cástor y Pólux, Casiopea con su famosa uve doble, la Osa Menor
donde se encuentra la estrella polar que nos marca el norte
geográfico y la Osa Mayor con su dos estrellas próximas que servían
para probar la vista de los vigías en la antigüedad.
Con una última ojeada a los inertes telescopios que aún apuntan
a los diferentes objetos astronómicos que nos han hecho pasar un rato
muy agradable, nos despedimos de Ximo y su mujer hasta la próxima
visita. |
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Santiago Sánchez García
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